No hay nada más triste
que una enredadera
brotando del concreto,
sin un tronco a su alcance
para echársele.
Las enredaderas, esa plantas
con espíritu de pájaro,
que nacieron para el aire,
rodeada de concreto
en una ciudad sin arboledas,
ciudad seca. Es triste,
muy triste.
La enredadera con su corazón
de centauro verde,
con sus raíces piernas
bien puestas sobre la tierra.
con su mirada avanzada
hacia el horizonte,
arriba, señalando el cielo,
una flecha verde. Enredadera
con vocación de abrazo,
sin tronco al que echarle
sus tallos elongados.
¿Hay algo más triste?
Aún así, hierve en hojas,
por si acaso, entre el concreto
encuentra de pronto el modo
de alzarse para dejar de ser triste,
una triste enredadera.
Adriana Ventura Pérez obtuvo el Premio Estatal de Poesía “María Luisa
Ocampo” (2016); el Premio Estatal de Poesía Joven en 2014 y de Ensayo en 2015.
Ha sido becaria del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo
Artístico de Guerrero al igual que del FONCA en la categoría de Jóvenes
Creadores.
Nuestra poeta ha publicado Boceto
de una vida sin casa (Praxis, 2018), Café Bausch (Colección La
Ceibita, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015), La rueca de Gabrielle (Editorial
de otro tipo, 2014), Elogio a las
rain boots que no tengo (Editorial de otro tipo, 2015)
y Geografía negra (Verso
Destierro, 2013). En una entrevista en La Jornada de Zacatecas, la poeta nacida
en Costa Chica, dijo “soy de la tribu de los tristes”.