El relevo en la Secretaría de la Mujer de Guerrero no ocurre en el vacío. La salida de Violeta Pino Girón y la llegada de Hilda Ruth Lorenzo Hernández se da en un contexto de pendientes acumulados, tiempos políticos acotados y una deuda histórica con las mujeres guerrerenses.
La gestión de Violeta Pino Girón estuvo marcada por la administración de la coyuntura. Uno de los grandes temas inconclusos es el trabajo para la atención y eventual levantamiento de las Alertas de Violencia de Género en once municipios del estado. En este asunto no se trata solo de cumplir con indicadores federales, sino de asumir la alerta como un mecanismo vivo, incómodo y profundamente político.
Otro pendiente fue la relación con las organizaciones de mujeres de la sociedad civil. Lejos de consolidarse como aliadas estratégicas, algunas colectivas denunciaron distancias, comunicación intermitente y una lógica más burocrática que feminista.
Está también el tema de los Centros Libre, un programa federal que llegó tarde a Guerrero. La instalación tardía no solo evidenció problemas de gestión, sino también la falta de prioridad política otorgada a una estrategia que busca prevenir violencias y fortalecer la autonomía de las mujeres desde lo comunitario.
En ese escenario asume Hilda Ruth Lorenzo Hernández. Joven, con un perfil técnico-administrativo – es medica cirujana y ha sido representante popular: diputada local por el PRD (2008 a 2011), titular de IGATIPAM y de la Secretaría del Bienestar, una mujer de territorio, muy cercana al trabajo comunitario pero ajena al movimiento feminista-. Así llega en la recta final del gobierno de Evelin Salgado.
El nombramiento de la ayutleca no debe leerse únicamente como una apuesta de renovación, sino también como una decisión de control político: menos confrontación, menos ruido, más administración del cierre sexenal.

El reto para Lorenzo Hernández es enorme. No solo tendrá que demostrar sensibilidad y capacidad de diálogo con un movimiento feminista que observa con desconfianza, sino también asumir que el cargo no es decorativo.
La Secretaría de la Mujer no es un espacio de aprendizaje acelerado, es una trinchera política en un estado atravesado por violencias estructurales.
Sin embargo, el relevo también abre una ventana. La llegada de nuevas generaciones a cargos de primer nivel puede ser una oportunidad si se entiende el poder como responsabilidad y no como premio. Si Hilda Ruth Lorenzo logra escuchar, rodearse de expertas, tender puentes con la sociedad civil y actuar con valentía en el poco tiempo que queda, podría sentar precedentes importantes.
Porque el relevo generacional no se mide por la edad, sino por la capacidad de romper inercias. Y hoy, más que nunca, las mujeres de Guerrero necesitan funcionarias que no caminen en tacones solo para la foto, sino que sepan sostener el paso en terreno político áspero y desigual.
